El legado silenciado de un historiador: a 40 años de la partida de Cheikh Anta Diop

Lic. Wilson Arroyo Oconitrillo.

 

Hace 40 años partía de este mundo uno de los intelectuales más preclaros del siglo XX, el senegalés Cheikh Anta Diop, es lamentable decir que para una buena parte del mundo académico es también uno de los más olvidados. Nuestra Universidad de Costa Rica no cuenta hoy con una sola de sus obras en su sistema de bibliotecas y sus aportes a la construcción de la historiografía han estado ausentes de las discusiones en la materia. 

 

Diop fue promotor de lo que se llamó  la Renaissance Africaine, un movimiento que no solo revolucionó la forma en que se interpretaba la historia de África, sino la historia total de la humanidad, al incluir un sentido de conciencia histórica de un continente al que se le había negado su papel en la historia de las civilizaciones humanas. Esto no solo tenía una implicación disciplinaria, sino sobre todo política, puesto que en su activismo político anticolonial, Diop consideró como elemento central la emancipación cultural y la recuperación de la autoconciencia de los pueblos como sujetos históricos.  

 

En sus trabajos queda claro que el racismo, más que un producto de la ignorancia, es el resultado de un esfuerzo intelectual sostenido por siglos de elucubraciones que sirvieron para justificar un proyecto de deshumanización que permitió el reparto colonial del mundo. Como bien lo comprueba Cheikh Anta Diop, ese esfuerzo no solo se dedicó a crear “conocimiento” sesgado sobre el continente africano y las personas negras, sino que también procuró ocultar cualquier evidencia que contradijera dichos sesgos. 

 

Uno de sus mayores esfuerzos fue la reconstrucción de la historia de Egipto como civilización eminentemente africana, con vínculos profundos con las sociedades y civilizaciones subsaharianas. Contrario a lo que algunos de sus adversarios señalan, su argumentación no se reduce únicamente a términos raciales y fenotípicos, es fundamentalmente un debate por develar el proceso artificioso desde el cual la historiografía hegemónica europea mutiló evidencias para constituir la idea de una civilización egipcia orientalizada, desmembrada de su evidente posición geográfica y las relaciones sociales subsecuentes. 

 

En su trabajo destaca el papel del conocimiento interdisciplinario, echando mano de múltiples áreas de la ciencia para construir sus argumentaciones. En un mundo como el actual, en el que de hiperespecialización académica se encuentra tan extendida y limita las posibilidades imaginativas de docentes y estudiantes, revisar el esfuerzo de Cheikh Anta Diop es sobre todo refrescante y un faro en medio de una época marcada por el inmediatismo. 

 

Diop fue sin duda el más enérgico de una generación de intelectuales que se propusieron echar a andar un proceso de descolonización del continente africano, en la que se recuperara no solamente el control burocrático e institucional, sino el destino cultural y económico de las naciones del continente. Una de las grande polémicas políticas se debería a su promoción del wolof como idioma oficial de Senegal, idea que era rechazada por el entonces presidente Leopold Sédar Senghor, quien consideraba que el francés ya formaba parte del patrimonio cultural de su pueblo y un elemento central de unificación frente a la diversidad étnico-lingüística del país. 

 

Las líneas divisorias entre el activismo político y el trabajo académico no existen en la obra de Diop. Este elemento es tal vez el más trascendente en nuestro contexto contemporáneo, en donde nos corresponde redefinir el papel de la universidad en nuestras sociedades, particularmente en nuestros países del sur global. Sus esfuerzos académicos siempre estuvieron al servicio de la causa emancipatoria, sin sacrificar en ningún momento la rigurosidad. Desde su época de estudiante y hasta el último de sus días vivió por sus ideas, y sin duda pagó el precio por ello, lamentablemente cuatro décadas después de su muerte, en buena parte del mundo, sigue pagando con silenciamiento ese precio por desafiar las ideas de su tiempo.